Sobre innovación

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Comenzaré por intentar definir la innovación tal y como la entiendo, ya que su uso es cada día más recurrente en todos los ámbitos de nuestra sociedad: empresarial, económico, social o artístico, pero que en muchas ocasiones se utiliza de forma no del todo correcta:

La innovación es la acción y la capacidad de desarrollar y hacer realidad nuevas ideas y convertirlas en negocios rentables . Asimismo, aparecen otros conceptos claves que son el combustible que hacen funcionar la maquinaria de la innovación, como el conocimiento, la creatividad o la invención. También se tiende comúnmente a confundir este último término con la propia innovación. La invención implica exclusivamente crear algo nuevo, mientras que la innovación va a un paso más allá. Permite a ese “algo nuevo” ponerlo en valor en el mercado. Finalmente, también me gustaría aclarar que la innovación no tiene por qué estar única y exclusivamente ligada a la innovación tecnológica. Dicho de otra forma, puede existir innovación sin la existencia de tecnología. Ejemplos de esto son la introducción de nuevas formas innovadoras de marketing y ventas, de comunicación, de diseño o de procesos productivos. La tecnología no deja de ser nada más –y nada menos- que un potentísimo elemento catalizador de la innovación.

Dicho esto, lanzo mi declaración de intenciones que espero poder cumplir: acercarte, de la forma más amena y concreta que sea capaz, conceptos a veces abstractos y hasta confusos como la I+D, la creatividad, el pensamiento lateral, las spin-off, star-ups o la innovación a través de casos reales y bajo una perspectiva “Glocal”. Término este que fue acuñado en los años 80 por la industria nipona y hace referencia a la estrategia basada en “pensar en global para trabajar en local”.

Ser pioneros en desarrollo implica asumir la innovación como una parte más del espíritu de una empresa. Innovar no es una elección sino una obligación del mercado. A día de hoy, nadie duda que la innovación es indispensable para ser competitivo. Si no se innova, se compite en mercados en los que la única diferenciación se basa en el precio en lugar de en la propuesta de valor hecha a los clientes, con lo que cada vez los márgenes son más reducidos.

Sin embargo, la innovación por sí sola no es suficiente y debe ser como una tijera, tiene que crear valor, y para ello necesita que sus dos hojas estén bien afiladas. Una de las hojas es la tecnología, la otra es el mercado, mientras tanto la gestión de la innovación es el movimiento que hacemos con las dos hojas para cortar la tela. La gestión de la innovación es la pericia con la que se aprovechan los conocimientos tecnológicos y de mercado. Es una competencia muy específica que decanta finalmente el éxito en la innovación y que distingue a las empresas innovadoras.

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